16 de Octubre Devocional/ Devotional


La diferencia entre el rico y el pobre


La fortuna del rico es su fortaleza, la ruina de los pobres es su pobreza. El salario del justo es vida, la ganancia del impío, castigo. Proverbios 10:15-16 (LBLA)

Cambiador del Mundo: Algunas personas piensan equivocadamente que cuando alcancen prosperidad económica, pueden empezar a vivir confiados y tranquilos y dichas ganancias las convierten en su ciudad fortificada, porque no saben que la verdadera riqueza es hallar a Jesús y caminar en el propósito por el cual Él nos creó (Mateo 16:26, Marcos 8:36). Mientras tanto los pobres están atribulados por la escasez y la dificultad de salir de su pobreza porque muchos de ellos tampoco conocen a Jesús, ni les ha interesado rendirle a Él su vida, y viven en la autocompasión por causa de su necesidad. Por lo tanto ninguno de los dos extremos de la vida, pueden traer algo bueno, sino que lo que todos necesitamos es entregarnos a Dios, buscar sabiduría de lo alto, y esta solo se puede hallar en las Escrituras, la Santa Biblia, que es el manual de instrucción para que cualquier persona que se entregue a Jesús pueda salir de la destrucción en la que se encuentra (2 Timoteo 3:14-17). En este Proverbio que estamos hoy leyendo, se nos enseña que la obra del justo, es para vida y la obra del impío es para castigo. Entonces es importante que el hombre busque primeramente el Reino de Dios y Su justicia, para que reciba todo en añadidura y en el tiempo perfecto de Dios (Mateo 6:33). Mientras que el impío renuncie a su impiedad para que su vida y la de su descendencia, pueda tener esperanza y la bendición que Dios le otorga a todos aquellos que se arrepienten y se entregan a Jesús. Que estas palabras nos enseñen claramente la diferencia entre el justo y el impío y los dos distintos lugares donde cada uno de ellos acabará a menos que ambos caminen de acuerdo a la Palabra de Dios. Cristo en nosotros la esperanza de gloria y nuestra victoria que por gracia nos permite predicar el Evangelio a muchas personas para cambiar el mundo (Colosenses 1:26-27, 1 Corintios 15:10, 57). Aleluya.

The diffeence between the rich and the poor


The wealth of the rich is their fortified city, but poverty is the ruin of the poor. The wages of the righteous is life, but the earnings of the wicked are sin and death.
Proverbs 10:15-16 (NKJV)

World Changer: Some people think wrongly that when they reach economic prosperity they can begin to live trusted and calm and such gains make them their fortified city, because they do not know that true wealth is to find Jesus and walk in the purpose for which He created us (Matthew 16:26, Mark 8:36).
While the poor are troubled by scarcity and the difficulty of getting out of their poverty because many of them do not know Jesus, nor have they been interested in surrendering their lives to Him, and they live in self-compassion because of their need.
Therefore neither of the two extremes of life can bring something good, but what we all need is to surrender to God, to seek wisdom from above, and this can only be found in the Scriptures, the Holy Bible, which is the manual instruction so that anyone who surrenders to Jesus can emerge from the destruction they are in (2 Timothy 3: 14-17).
In this Proverb we are reading today, it teaches that the work of the righteous is for life and the work of the wicked is for punishment. So it is important that man seek first the Kingdom of God and His justice, so that he receives everything in addition and in God’s perfect timing (Matthew 6:33).
As long as the wicked renounces his wickedness so that his life and that of his descendants can have hope and the blessing that God grants to all those who repent and surrender to Jesus. May these words clearly teach us the difference between the righteous and the wicked and the two different places where each of them will end up unless they both walk according to the Word of God. Christ in us the hope of glory and our victory that by grace allows us to preach the Gospel to many people to change the world (Colossians 1: 26-27, 1 Corinthians 15:10, 57). Hallelujah.

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