11 de Enero Devocional/ Devotional

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Bien has obrado con tu siervo, oh Señor, conforme a tu palabra.

Enséñame buen juicio y conocimiento, pues creo en tus mandamientos.

Salmos 119:65-66 (LBLA)

Cambiador del Mundo: ¿En quién confiaremos si no es en Dios mismo? Nosotros estamos en las manos de nuestro Señor Jesucristo a partir del día que nos convertimos a Él y sin lugar a ninguna duda, Él nos ha colmado de bendiciones conforme a Su Palabra, nos ha enseñado buen juicio y conocimiento y nos ha llenado de Su fe y es por eso que podemos creer en Sus mandamientos. Cada uno de nosotros vino a Jesús en condiciones muy diferentes pero una cosa hubo en común, fue que la gran mayoría nos entregamos a Dios hasta que vino un quebranto que partió nuestro corazón de piedra y nos permitió levantar la mirada a los cielos para pedirle socorro al Altísimo. El Apóstol Pablo antes de ser un siervo de Dios vivía legítimamente confundido en la religión judía y perseguía a todos los que se habían convertido a Jesús, el vio la muerte de Esteban que fue el primer mártir como seguidor de Cristo. En camino a Damasco tuvo un encuentro personal con Jesús y ahí terminó toda su confusión y ceguera espiritual que le había acompañado durante todos los años que fue un terrible perseguidor del cristianismo. Después de que se rindió al Señor, todo el resto de su vida la dedicó a predicar la Palabra y a él lo decapitaron injustamente por un Emperador Romano. Muchos de nosotros también vivíamos legítimamente equivocados en una religión y estábamos ciegos espiritualmente, pues, aunque en muchas de nuestras casas estaba la Biblia, ésta solo era parte de la decoración de nuestro hogar, ya que no la teníamos como el manual de vida que Dios ordena que sea para toda la humanidad. Hoy muchos hemos nacido de nuevo y servimos a Dios y a Su Hijo Jesucristo predicando Su Palabra llevando las buenas nuevas y dándole esperanza a todos aquellos a los que todavía no les ha alumbrado la luz del Evangelio, pero nosotros tenemos que permanecer firmes en la predicación de la Biblia, pues es la única manera en la que vamos a cambiar el mundo (2 Timoteo 3:14-17, 2 Timoteo 4:2-8). Aleluya.

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You have dealt well with Your servant, O Lord, according to Your word. Teach me good judgment and knowledge, For I believe Your commandments.

Psalms 119:65-66 (NKJV)

World Changer: Who will we trust if it is not in God himself? We are in the hands of our Lord Jesus Christ from the day we converted to Him and without a doubt, He has filled us with blessings according to His Word, has taught us good judgment and knowledge and has filled us with His faith and that is why we can believe in His commandments. Each one of us came to Jesus in very different conditions but there was one thing in common and it was that the great majority we delivered ourselves to God until there was brokenness that broke our hearts of stone and allowed us to lift up our eyes to heaven to ask the Most High for help. Before being a servant of God, Apostle Paul legitimately lived confused in Jewish religion and pursued everyone that converted to Jesus, he saw Espthepan’s death that was the first martyr as a follower of Christ. On the road to Damascus, he had a personal encounter with Jesus and there the confusion and spiritual blindness ended which accompanied him throughout all the years that he was a terrible persecutor of Christianity. After he surrendered to the Lord, he spent the rest of his life preaching the Word and was unfairly beheaded by a Roman Emperor. Also, many of us lived legitimately wrong in religion and we were spiritually blind because even though in many of our homes there was a Bible, this was only a part of the decoration of our home because we didn’t have it as a manual of life that God commands to be for all mankind. Today, many of us have been born again and serve God and His Son Jesuschrist preaching His Word taking the good news and giving hope to all those who have not yet illuminated the light of the Gospel, but we have to stand firm in the preaching of the Bible, for it is the only way in which we will change the world (2 Timothy 3: 14-17, 2 Timothy 4: 2-8). Hallelujah.

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