4 de Diciembre Devocional/ Devotional

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¡Cuán bienaventurados son los de camino perfecto, los que andan en la ley del Señor! ¡Cuán bienaventurados son los que guardan sus testimonios, y con todo el corazón le buscan!

Salmos 119:1-2 (LBLA)

Cambiador del Mundo: Bienaventurados todos aquellos que han permitido que el carácter de Cristo se forme en su vida y que pueden caminar “Cambiando el Mundo” con la Palabra de Dios que es lámpara a sus pies (Salmos 119:105). Bienaventurados aquellos que permanecen en Jesús y tienen el fruto de un testimonio que glorifica Su Nombre y un corazón que ha puesto en primer lugar a su Creador y lo busca de día y de noche (Mateo 6:33). Cuando nosotros le pedimos a Dios que queremos ver la obra del Espíritu Santo en nosotros de una manera plena y absoluta, entonces el Señor escucha desde los cielos y nos empieza a señalar todas aquellas áreas de nuestra vida que no hemos rendido plenamente a Él y que por supuesto están deteniendo nuestro caminar cristiano. Solamente aquellos que hemos tenido una experiencia personal con nuestro Padre Celestial y estamos decididos a negarnos a nosotros mismos (morir al Yo), y a rechazar toda influencia de nuestra vida pasada, somos los que tenemos la promesa de Dios de que Sus bendiciones nos alcanzarán en el tiempo preciso que Él lo decida (Gálatas 2:20, 2 Corintios 5:17). Si leemos la historia de Abraham, esperó en Dios alrededor de veinte años, Moisés muchísimos años más y aun el propio Rey David, estuvo también por años esperando para ser el Rey de todo el pueblo de Israel. En ninguno de estos tres hubo queja alguna contra nuestro Señor, al contrario, ellos pasaban más tiempo orando y clamando para que la gracia y la misericordia de Dios los librara día a día de los ataques que ellos atravesaban mientras esperaron. El Rey David es toda una historia desde su niñez, juventud y madurez de cómo pudo resistir confiando siempre en Dios, todas las batallas físicas que peleó, empezando por las familiares, las sociales y las guerras que enfrentó por más de cuarenta años contra todos sus adversarios. No dudemos también nosotros de ponernos en manos de Dios para que Él nos de la victoria en Cristo Jesús (2 Corintios 2:14). Aleluya.

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Blessed are the undefiled in the way, Who walk in the law of the Lord! 2 Blessed are those who keep His testimonies, Who seek Him with the whole heart!

Psalms 119:1-2 (NKJV)

World Changer: Blessed are those that have allowed that the character of Christ be formed in your life and you can walk “Changing the World” with the Word of God that is a lamp at your feet (Psalm 119: 105). Blessed are those who remain in Jesus and have the fruit of a testimony that glorifies His Name and a heart that has put his Creator first and seeks him day and night (Matthew 6:33). When we ask God that we want to see the work of the Holy Spirit in us in a fully and absolutely way, then the Lord listens from the heavens and begins to point out all those areas of our life that we have not fully surrendered to Him and that, of course, are stopping our Christian walk. Only those of us who have had a personal experience with our Heavenly Father and are determined to deny ourselves (die to the Self), and to reject all influence of our past life, are we who have God’s promise that His blessings will reach us in the precise time that He decides (Galatians 2:20, 2 Corinthians 5:17). If we read the story of Abraham, he waited on God for about twenty years, Moses many more and even King David was for many years waiting to be the King of all the people of Israel. In none of these three, there was any complaint against our Lord, on the contrary, they spent more time praying and crying for God’s grace and mercy to free them day by day from the attacks they were going through while they waited. King David is a story from his childhood, youth, and maturity of how he could resist always trusting in God, all the physical battles he fought, starting with the family, social and wars he faced for more than forty years against all his adversaries We also have no doubt of putting ourselves in God’s hands so that He will give us the victory in Christ Jesus (2 Corinthians 2:14). Hallelujah.